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Two collage prints by Rocio Montoya in oak frames above a chair in a bright living room

Rocio Montoya: la artista de Madrid que fusiona cuerpos y flores

Rocio Montoya es una artista española que recorta fotografías y las vuelve a montar con hojas, flores y papel que ella misma pinta, hasta que cuesta saber dónde termina el cuerpo y dónde empieza el jardín. Trabaja en un estudio en su casa de campo a las afueras de Madrid, empieza el día con un café y sus páginas matutinas, y trabaja hasta que se va la luz. Le preguntamos de dónde salen sus imágenes, cómo se hacen y dónde encajan en casa. Las respuestas son suyas.

Vive enAfueras de Madrid, España
EstiloSurrealismo figurativo poético
TécnicasCollage, fotografía, ilustración, pintura
Síguela@rocio_montoya

¿Quién es Rocio Montoya?

Su primer amor en el arte fue la fotografía, y le viene de su padre. «Mi padre me regaló mi primera cámara analógica a los 16 años, y la fotografía fue mi primer romance con la creación artística». Pintor y artista plástico de profesión, sigue siendo la primera persona a la que nombra: «me inculcó el amor por el arte y las ganas de crear».

Dibujaba y escribía desde pequeña, y en la adolescencia empezó a tomárselo en serio. Desde entonces ha trabajado la fotografía, el collage analógico y digital, la ilustración y la pintura: unos días en encargos para editoriales y marcas, otros en su propia obra. «Vivo a las afueras de Madrid, en España. Trabajo en mi casa de campo, en un estudio acondicionado para mi trabajo artístico. Es un lugar muy tranquilo, rodeado de estímulos naturales muy interesantes».

Rocio Montoya sostiene una orquídea recortada delante de un ojo
Rocio Montoya en su casa, a las afueras de Madrid

¿Cómo es su arte?

Ella misma lo define en tres palabras: «surrealismo figurativo poético». En la práctica, es un cuerpo fotografiado —un brazo, unas manos, un rostro— interrumpido por algo que crece: hojas, pétalos, plumas, minerales, un paisaje arrancado de un libro antiguo.

«En mis collages, además de usar mi fotografía personal como base, me gusta incorporar elementos plásticos ilustrados, recortes y acuarelas; no me pongo límites, depende de mi inspiración». El resultado es sereno, no estridente. Los colores son suaves, los bordes del papel se ven, y la mirada vuelve una y otra vez a la unión entre piel y planta.

Cuerpo y botánica

Por dónde empezar: Spring landscape y The color of fresh roses quedan preciosas colgadas juntas. Ver todas las láminas de Rocio Montoya →

Rocio Montoya en su estudio, delante de sus coloridos cuadros
En el estudio, delante de sus cuadros

¿De dónde viene la inspiración?

«Siempre he tenido una tendencia obsesiva a utilizar elementos del entorno natural en mis retratos», cuenta. «Creo que el cuerpo humano como icono artístico —para mí, sobre todo el cuerpo femenino— es una fuente inagotable de belleza: versátil, misterioso y absolutamente maravilloso». Desde que empezó ha fotografiado a muchas mujeres, «y cada una guarda un secreto y un encanto distintos. Así que supongo que mi mayor fuente de inspiración es la sinergia entre cuerpo y naturaleza».

El resto de la lista es cotidiano: «la luz, los colores, la música, los paseos por el Jardín Botánico, las mujeres de mi vida, los cuadros de mi padre y, en general, cualquier momento en contacto con la naturaleza». Y en el fondo hay algo que quiere transmitir. «Para mí, la naturaleza es la fuente de la vida, y mis obras son un pequeño homenaje, una comunión, para tomar conciencia de la importancia de respetarla y cuidarla. Supongo que eso es lo que me gustaría inspirar: amor por lo esencial».

Sus referentes: el artista del collage Ashkan Honarvar, «la primera persona que puso collage en mis fotos», cuya obra la enamoró del medio, y las pintoras Georgia O’Keeffe y Hilma af Klint, que para ella son una obsesión.

La historia detrás de Letargo

Letargo I y II nacieron de una tarde con una amiga. «Creé estas piezas con mi amiga Cristina. Era bailarina, y por aquel entonces pasábamos mucho tiempo juntas. Durante muchos años fue mi musa favorita. Un día entramos en el estudio de casa y empezamos a hacer fotos. Ella posaba y fluía con naturalidad sin que yo dijera una palabra, y de esa sesión salieron un montón de fotografías increíbles que más tarde me inspiraron estos collages».

La palabra hizo el resto. «Quería captar el concepto de letargo —ese estado de somnolencia profunda antes de dormirse o hibernar— fusionando la piel con texturas vegetales, flores e ilustraciones botánicas que parecen devorar sutilmente los contornos del cuerpo. Es como si la naturaleza reclamara el cuerpo en una dimensión onírica, fundiéndolo con el entorno en un ejercicio de camuflaje somático».

Ver Letargo I y Letargo II →

¿Cómo se hacen los collages?

Madrugadora y con sus rituales. «Me gusta tomarme un café nada más levantarme mientras escribo mis páginas matutinas, luego salgo a pasear con mi perro, desayuno y me pongo a trabajar». Después trabaja hasta que ya no queda luz natural en el estudio, con audiolibros o música de fondo.

Y el proceso no se parece en nada al resultado onírico. «Aunque desde fuera el collage analógico pueda percibirse como una técnica caótica o aleatoria donde todo vale, mi proceso es todo lo contrario. Mis piezas están medidas al milímetro; hago innumerables bocetos previos, pruebas de color y composiciones en seco antes de aplicar una sola gota de pegamento definitivo sobre el papel».

Rocio Montoya recortando un collage a mano con tijeras sobre una base de corte
Recortado a mano: no se pega nada hasta que la composición está terminada

«Es como si la naturaleza reclamara el cuerpo en una dimensión onírica».

Rocio Montoya
La mesa del estudio de Rocio Montoya junto a la ventana, con plantas, libros y una base de corte
La mesa del estudio: luz natural, plantas, bisturí y base de corte

¿Qué deberías sentir frente a una de sus obras?

En esto es muy tranquila. «Cada persona es diferente, y está bien que puedan convivir sentimientos distintos según quién mire. Pero, en general, para mí sería maravilloso que se sintieran como un pequeño portal energético hacia una dimensión de introspección».

¿Dónde lucen mejor sus láminas?

«En general, me gustan los espacios minimalistas y diáfanos», dice. «Me resulta más relajante seleccionar con cuidado unas pocas piezas que tener una pared llena de ellas». Así que cuelga menos y dales espacio.

Su rincón ideal: «un lugar con luz natural, rodeado de algo natural: una planta grande, unas flores o incluso una pila de libros». Un dormitorio, un rincón de lectura o un pasillo tranquilo favorecen mucho más a estas obras que una pared de salón recargada.

Una pareja y una pieza sola

Nuestro consejo: Letargo I y Letargo II en marcos de roble de 70×100, una junto a otra con un palmo de separación. Ver la colección →

Para colgar dos o tres juntas, nuestras plantillas de pared de cuadros te dan las medidas exactas, y nuestros marcos de roble y negros encajan a la perfección con las láminas.

Collages de Rocio Montoya prendidos en grupo sobre una pared blanca
Sus propios collages en la pared de casa

Algo que quizá no sabías

«Algo que la gente quizá no sabe de mí es que mi proceso es todo lo contrario al caos. Supongo que es un reflejo inevitable de mi personalidad: soy una maniática del orden y la limpieza. Crear ese caos poético y orgánico en mis obras solo es posible si tengo un control absoluto del espacio en el que trabajo».

Ahora mismo vuelve a dar un paso más: «He llevado mis collages figurativos a un plano completamente plástico, y ahora estoy investigando cómo crear collages sin fotografía».

La colección

Todas las láminas de Rocio Montoya, de A4 a 100×140 cm

Impresas para encajar exactamente en nuestros marcos: de roble, negros o de color.

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Sigue a Rocio en Instagram como @rocio_montoya y descubre más de su obra en rociomontoya.com.


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